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Carta maestro Ángel Loochkartt

No tenía ningún referente de la obra pictórica que adelanta Patricia Ortega. Al visitar su estudio recientemente sus pinturas atrapan mi interés, salta a la vista que la artista ha logrado, como un alquimista ordenar los elementos y metodología propios de su trabajo.

La férrea disciplina investigativa le revelan a ella un primer mapa de lectura abstracta, mediante imprimaturas rica en empaste, veladuras, raspados, manchas y grafismos; estas primeras intervenciones son como bocetos mentales; reserva de conocimiento y recursos de la intuición.

Comienza el ritual de la pintora y activada emocionalmente, da paso al acto creativo y en esta aventura su concepto y calidad técnica se reitera; el dominante en sus cuadros es un espacio atmosférico y el proceso cuidadoso le permite pausas reflexivas y sin saltos exagerados, la obra se enriquece coherentemente.

Esta pintura de Patricia Ortega muestra un regreso al origen cósmico que parece caótico, luego se ordena y consolida sin perder su valor intrínseco. Las formas que dialogan con el espacio, gravitan en su juego compositivo gaseoso o vaho, además es importante el orden selectivo de su paleta cromática, austera y basada en color de óxidos, mezclas que definen su obra en buen ritmo creativo.

El ojo que entra en su pintura no puede encontrar salida, no inscribo esta obra plástica de patricia en ninguna tendencia, quedando el espectador abierto a su lectura y reflexiones sobre el acierto pictórico, sostenido por la pasión y guía de su espiritualidad y sapiencia.